Rafael Nadal es campeón de Wimbledon. Otra vez. Su victoria en sets corridos sobre Tomas Berdych es la octava en 11 partidos en el historial entre ambos. Algo de luz sobre esa estadística permite una mirada un poco más fina: Rafa ganó los últimos siete duelos en forma consecutiva y no perdió siquiera un set.
¿Sólo casualidad numérica? Ni cerca. Antes él estaba todo el tiempo en el fondo de la cancha, soportando los ataques y esperando mis errores, es la explicación que Berdych le encuentra a sus tres triunfos en los primeros cuatro capítulos del historial. Ahora, en lugar de esperar y quedar a la expectativa, juega tan agresivo como cualquiera de nosotros. Fundamentalmente con su drive, intenta ponerte a defender lo más rápido posible en cada uno de los puntos, fueron sus palabras para explicar, también, parte de la evolución del juego del español.
Así las cosas, la final fue una lucha por la iniciativa. Sin que ninguno tomara la opción de saque y volea, el servicio y el primer impacto tras las devoluciones pasaron a ser la clave del desarrollo. Salvo como último recurso, ninguno entró en defensa.
¿Berdych fue menos agresivo por sus nervios o porque Nadal lo obligó a jugar menos cómodo y más atrás de lo acostumbrado? La pregunta me trae a la mente la eterna duda del huevo o la gallina. En tenis, sea en el césped de Wimbledon contra Berdych, en el polvo de ladrillo de Roland Garros ante Robin Soderling, o frente a cualquier jugador alrededor del mundo, en este 2010 no existe la duda: primero Nadal, la gallina de los huevos de oro.
Pie de foto Rafael Nadal de España sostiene el trofeo de Wimbledon como lo plantea para las fotos después de vencer a Tomas Berdych de la República Checa por 6-3, 7-5, 6-4, en la prueba individual masculina de final en el torneo de tenis Wimbledon en el All England Tennis Club, en el sur- el oeste de Londres, el 4 de julio de 2010.